El 25 de mayo de 1810, estalló una revolución ya que significó la expulsión del poder de los españoles, y en su lugar asumieron los criollos. La historia discutió si en realidad fue una revolución, por el cambio o renovación tan solo por el cambio de nombres, lo cierto es que sucedió, y eso ya es suficiente, como para que tomemos conciencia de ello.
Pero no solo recordando lo que pasó, lo pueril, el negrito, los pasteles, el cabildo …. sino que reflexionando, acerca del concepto, que por cierto significa mucho. ¿Cómo? sería la pregunta, proyectando lo que queremos. Para ello debemos dejar de ser llaves de multiusos, cálidos y fríos, humildes y arrogantes, triunfalistas y derrotistas, solidarios y egoístas, internacionales y encerrados en una aldea. Es decir hoy somos superiores, invencibles y mañana…el último orejón del tarro, es que vivimos siendo los eternos adolescentes que viven más sintiendo que pensando. Deberíamos detenernos en una estación intermedia. Así lo entendieron los hombres de mayo, acompañados por los irreconocibles actos del pueblo, con sus diferencias e intereses encontrados…pero siempre detrás de un objetivo, formar un nuevo gobierno patrio. Es como si quisiéramos salir de la crisis en que estamos, ya, hoy mismo y esto no es posible. Como tampoco recibir una recompensa inmediata por cualquier esfuerzo, el mundo no funciona así.
En definitiva nuestros hombres de mayo actuaron con certezas y errores, algo que tenemos que empezar a hacer nosotros desde nuestros puestos de trabajo, como docentes, estudiantes…como ciudadanos verdaderos, para que así el 25 de Mayo tenga sentido en nuestras vidas.
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muy buena reflexion heraldo. saludos. ale